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La naturaleza sabe lo que se hace, y desde hace años hemos estado jugando a saber más que ella en lo referente a la alimentación. Los procesos naturales son milagrosamente perfectos, ¿por qué cambiarlos o “mejorarlos”?
Los productos ecológicos tienen más nutrientes, mejor sabor y son mucho mejores para nuestra salud. No inventamos nada, volvemos a los productos de antes simplemente porque eran mejores. Aún así nos aprovechamos de los avances de la tecnología alimentaria para asegurar los máximos controles de calidad.

Para conseguir un buen producto agrícola solo necesitamos buena tierra, agua, sol y cariño. Esto es lo que buscamos y esto es lo que ofrecemos.



El tiempo es la base del desarrollo natural de nuestros productos, nosotros nos tomamos el tiempo necesario para seleccionarlos, tomaos el vuestro para degustarlos.

Según un estudio reciente cada día absorbemos un cóctel de probablemente varias decenas de productos químicos con nuestros alimentos. Se han encontrado residuos de 128 sustancias químicas diferentes de las cuales casi 40 eran plaguicidas.

De las 128 hay 47 que, según sus dosis, son cancerígenas, eso sin añadir los posibles efectos de los productos manipulados genéticamente o “transgénicos”, de los que no se sabe su efecto a largo plazo.

¿Quien no desea una alimentación libre de plaguicidas, transgénicos y con todos los nutrientes?